Cuatro claves del Cartagena – Real Zaragoza (1-0)

Apuntes y reflexiones sobre la derrota por la mínima del Real Zaragoza en el Estadio de Cartagonova:

Atascados. El Real Zaragoza se ahogó en su propia idea. Colapsó. Lo que funcionó en la primera media hora frente al Levante pareció quedarse solamente ahí, en esos únicos 30 minutos… Más sorprendente aún cuando la idea del Cartagena fue reducir sus pulsaciones en ataque -en comparación a las dos primeras jornadas- y cederle balón al Real Zaragoza para ir a presionarle arriba, muy alto y buscar el fallo. Y muchas veces lo encontró. Muchas más de las esperadas por lo mostrado por el doble pivote Grau-Molina hasta Cartagonova. Seguramente el partido más impreciso del valenciano desde su llegada a Zaragoza. Y un Molina sobrepasado, desubicado, queriendo hacer el todo y errando casi todo. Buena muestra de ello fueron las dos acciones inmediatemente anteriores a su cambio. Dos pérdidas, reflejo de frustración, mirando al banquillo buscando un consuelo que llegó en forma de sustitución. El problema no se quedó ahí. Los riesgos asumidos a la hora de iniciar jugada desde la base se tradujeron en pérdidas, algo que partió el equipo y desconectó rápido del encuentro a la zona de tres cuartos. Los Francho, Vada y Bermejo enseguida pasaron a jugar a algo que no es lo suyo. Disputas, intermitencia, soluciones apuradas, recibir de espaldas… Los tres, por cierto, fuera de su zona y posiciones de confort. Hoy el problema no solo fue de gol.

296 a 0. Doscientos noventa y seis minutos (los 270 reglamentarios más los 26 de añadido en estas tres primeras jornadas) sin anotar ni un solo gol. A veces lo rozaste. Otras tantas ni siquiera eso. No muerde el Real Zaragoza, no tiene colmillo. Y precisamente en un día donde tu mejor hombre, el soplo de aire fresco, fue el revolucionado -esta vez para bien- Simeone. Una buena noticia sin duda ante la carencia ofensiva, no solo en el remate, sino también en el propio número de efectivos arriba. Un déficit, por cierto, conocido desde hace meses -casi años por desgracia- y al que no se le ha puesto remedio en tres meses de mercado. Tres jornadas ha decidido disputar la comisión deportiva del club con este grave problema en plantilla. En sus manos está que no sean también las 39 restantes…

Última jornada del fútbol de verano: 2/9. Que al Real Zaragoza le iba a costar -sobre todo el gol- en este principio de temporada era ciertamente previsible. Más aún cuando tu última incorporación, ninguna de ellas un delantero centro, data del 18 de julio. No tan esperado era, quizá, el plantarte ya con la sensación de haber muchas cosas en juego en la cuarta jornada de competición. En la antesala de las prisas, de los nervios y de las dudas. Ahí parece que se encuentra el Real Zaragoza ahora. Todo ello sazonado evidentemente por un mercado escaso y de operaciones -las llegadas y alguna de las salidas- no altamente complejas, de sinergias… Que hay ganas de dejar atrás este mercado largo y extenuante es evidente, pero cuidado porque una vez se cierre esa ventana ya no habrá excusas posibles, ya no existirá el comodín del mercado. Acabe llegando el delantero o no -en caso de no hacerlo hablaríamos de acto negligente- el fútbol pasará a ser real, con tu plantilla cerrada, y solo importará lo que seas capaz de hacer fin de semana tras fin de semana. Jugaras contra equipos que se habrán podido reforzar mejor o peor que tú, que tendrán más dinero o menos que tú, con más o con menos delanteros… pero tendrás que competir, y ganar.

Insostenible. Es innegable que el arbitraje tuvo influencia directísima en lo ocurrido en el Cartagonova. Según se juzgue, con mayor o menor impacto, pero influyó. Por mucho que te propongas tratar de analizar el partido desde lo futbolístico y poner en cuarentena lo del colegiado González Esteban resulta imposible. Ya en primer lugar por un listón sorprendente de sanciones presente desde el primer minuto y que de repente desapareció en el 55′ con la falta y más que posible segunda amarilla de Pedro Alcalá -no mostrada e inmediatamente sustituido- y volvió a hacer acto de presencia minutos más tarde, en el 78, con la ¿falta? y segunda amonestación para Jaume Grau. Una sí y la otra no. El protocolo no permite revisar segundas amarillas y sin embargo sí rojas directas teniendo al final, sobre el papel, el mismo efecto: una expulsión. 10 amarillas y dos rojas. Todavía más impacto tuvo un gol con claro toque en el antebrazo de De Blasis para amortiguar el balón, tirar -eso sí- un recorte de funambulista dentro del área pequeña y anotar un gol de categoría previa mano. Porque hay mano, es indiscutible, imposible de negar. Otra debate es si antes le toca en el muslo, algo imposible de saber casi 12 horas después del partido por el poco número -y calidad- de repeticiones ofrecidas. Y ni aún así. Ni Play the ball, ni rebote ,ni involuntariedad. Es un control, el previo al recorte y al gol, en el que, de no ser por esa mano, ese balón hubiera pasado de largo al atacante argentino o seguro que no se le hubiera quedado tan franca, tan a placer. Se explica rápido: De Blasis se aprovecha de manera directa en un gol de una parte del cuerpo irreglamentaria. Y es inexplicable que alguien no lo viera en el VAR o que, como dijo Carcedo, González Esteban hiciera caso omiso.

27 de agosto, 2022|Deportes|
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