Casademont Zaragoza recibía al Unicaja inmerso en un mar de dudas al que se había sumado la dura derrota ante el Madrid hace 3 días. El propio Fisac en la previa del encuentro explicaba que el equipo estaba “muy lejos de entender su juego y encontrar su nivel”. Con la previa de clasificación a la FIBA Europe Cup en el horizonte, las sensaciones no eran buenas, por lo que también tenía que servir para coger confianza de cara a la cita continental.
Sin embargo, el Príncipe Felipe demostró que no entiende de situaciones, y el aura que lo rodea volvió a aparecer por todo lo alto. Aquella conexión jugadores-afición hizo que, en el primer partido liguero como locales, los rojillos consiguiesen una nueva gesta delante de más de 4500 almas. 100-92 fue el resultado final.
Los guerreros de Fisac salieron dispuestos a mirar a los ojos al campeón de Copa y subcampeón de Supercopa de España. El equipo aragonés tenía una única premisa: hacer vibrar a la Marea Roja. Y lo hicieron desde el minuto 1. Okafor iniciaba castigando la escasa rotación interior malagueña. Solo Will Thomas podía superar a su par y mantener a los suyos en el encuentro. Con cada minuto de juego, Casademont lamía las heridas.
A Okafor se le sumaban Sulejmanovic, Langarita y Yusta. La defensa, desaparecida en Madrid, irrumpía con gran intensidad y físico, mientras que en ataque los sistemas propuestos por Fisac daban sus frutos. Esta valentía hacía que al descanso se llegase con 48-50 en el luminoso. Unicaja se mantenía en el encuentro gracias a su 7/15 en triples. La gesta se atisbaba en el horizonte, pero lo mejor estaba por llegar.
Los jugadores volvían de vestuarios con una marcha más, si es que se podía. En apenas 5 minutos daban la vuelta al encuentro y se colocaban 7 puntos por delante (67-60). En ese momento aparecía el sexto hombre del que tanto habla Fisac, la Marea Roja. El equipo dañado pasaba a ser un conjunto aguerrido y con hambre. Cinciarini y Gielo, los últimos en llegar, también aportaban su granito de arena y mostraban su carta de presentación con puntos y defensa. Aún así, el partido seguía abierto.
El último cuarto fue de un solo color, y antes de acabar el ambiente de las gradas hacía sentir que este partido no se iba a perder. Comandados por Yusta (20 puntos, 26 de valoración) y Okafor (18 puntos y 21 de valoración), desplegaron un gran juego en ambas partes de la cancha, ahogando a un rival que veía como sus opciones de ganar cada vez eran menores. El fichaje estrella de los rojillos asumía galones y sentenciaba el encuentro con dos grandes movimientos en el poste bajo. El acierto en ataque y el saber sufrir en defensa en los instantes finales permitieron colocar la primera victoria del curso para Casademont Zaragoza.
Bell-Haynes, única nota negativa
El canadiense se lesionó a los 4 minutos de partido tras un bloqueo de un rival y no volvió a aparecer. En la rueda de prensa posterior, Fisac explicó que se trataba de un “golpe muy fuerte en el hombro” y que una resonancia dictará con detalle lo que puede ser. “No nos podemos permitir el lujo de perder a otro exterior tras lo de Obi Emegano”, sentenció.
Más que un triunfo
Aunque parezca una victoria más, este encuentro es mucho más que eso. Tras la dura situación vivida en las últimas semanas, el triunfo es un oasis en medio del desierto en el que se encontraba Casademont. La explosión de confianza y alegría que supone para la plantilla va a aumentar las ganas de trabajar y de cosechar éxitos. Además, para la Marea Roja también es un gran aliciente para seguir dejándose la voz por un equipo que, como se vio ayer, se exprime en la cancha. “Los chicos han entendido lo que significa jugar en el Príncipe Felipe, es un orgullo”, reconoció Fisac.
Y, sobre todo, esta alegría viene pocos días antes de los dos partidos más importantes de la temporada: la previa de clasificación para la fase regular de la FIBA Europe Cup. En menos de 24 horas, Casademont Zaragoza ha pasado de ser un equipo dañado a ser un conjunto con plena confianza.