Un paso adelante

El Real Zaragoza se presenta en Anduva (19:00h) con la necesidad de vencer al Mirandés para revertir así la mala dinámica de las últimas tres jornadas y recobrar la confianza que, según Baraja y y también Larrazabal en nombre de la plantilla, se ha perdido.

El Real Zaragoza ha involucionado. Es un hecho contrastado por la tabla, puesto que de un siete de nueve puntos posibles ha pasado a registrar un uno de nueve en las últimas tres fechas. Y por encima de los resultados, están las sensaciones, que son incluso peores. El equipo de Baraja no encuentra su zona de confort, esa amplitud y ocupación del campo que se busca con su ya habitual 1-4-4-2  -1-4-2-3-1 en ocasiones-, la línea maestra o idea común en fase ofensiva que haga que los maños generan más peligro real y pisen más campo rival con posesiones controladas. Además, en la propuesta defensiva también han aparecido lagunas en el plan del ‘Pipo’. Ahora se aprecia un conjunto más partido, con transiciones defensivas más descoordinadas y perdiendo esa fiabilidad/solvencia que mostraba el Real Zaragoza en centros laterales y con un bloque medio/bajo correoso.

Unas sensaciones que además vienen refrendadas por la estadística -una compañera que en ocasiones no suele hacer fiel reflejo de la realidad, en este caso sí-. El Real Zaragoza es el equipo de la categoría que menos dispara a puerta, tan solo 1,5 disparos entre palos por partido. En la misma línea, tampoco se encuentra zona de remate: los de Baraja llevan 23 córners y centros laterales acertados, con su correspondiente remate, por 93 errados en estas seis primeras jornadas. Y aún así, con el colapso que se produce en zonas interiores, el Real Zaragoza lo sigue intentando una y otra vez a través de envíos desde la línea cal.

Además, el deterioro defensivo es algo también cuantificable puesto que ahora le hacen al equipo más ocasiones que en el arranque de temporada: 8 ocasiones recibidas en las tres primeras jornadas por 13 en las tres últimas, teniendo en cuenta solo los disparos a meta del rival. Ni que decir tiene que en las últimas jornadas, en concreto el encuentro frente al Leganés y también el del Sabadell, Cristian Álvarez ha sido el jugador blanquillo más destacado. Algo que también refrendan los números, con 10 paradas para el guardameta rosarino y algunas de ellas de mucho mérito.

Las estadísticas en este caso sí acompañan a las malas sensaciones del Real Zaragoza sobre el verde en las últimas semanas. Lo que no recogen es que el equipo se equivoca al buscar zonas interiores con jugadores como Zanimacchia o Larrazabal que, a priori, están llamados a generar desequilibrios y ventajas en el exterior, por bandas. Ese colapso en zona de tres cuartos se produce también gracias a la poca contribución de los delanteros -a excepción de Vuckic-, que muchas veces quedan aislados y rodeados entre zagueros rivales. Por contra, en muchas ocasiones en las que el Real Zaragoza está muy hundido y con los pivotes en campo propio tratando de generar movimiento de balón y superar líneas, esos mismos delanteros son los que aparecen descendiendo unos metros y participando a muchos metros de portería rival, cuando ni es su virtud ni tampoco parece que sea su cometido.

Al final, el remate a portería llega con una buena ubicación del delantero y tras el centro en el momento y contexto adecuado. A la vez, ese centro clave llega tras la conducción de la posesión y la búsqueda del espacio en el instante correcto. Y ahí, en esa conducción de la pelota y la búsqueda del espacio, que depende directamente de la sala de máquinas, del centro del campo, está la raíz del problema. Y ahí es donde se requiere la intervención directa del entrenador. Muchas cuestiones y matices a realizar por Rubén Baraja en un momento, en una coyuntura, donde precisamente lo que no tiene es tiempo, ni por la exigencia de la competición y parece que ni por las altas esferas del club. Lo mínimo exigible para el entrenador vallisoletano es dar un paso adelante.

29 de octubre, 2020|Deportes|