Hasta el final (1-1)

Todo hace indicar que la pugna del Real Zaragoza por ascender de manera directa tendrá que alargarse hasta los últimos instantes de esta extraña y duradera Liga Smartbank. Los blanquillos se dejaban en la noche de ayer dos puntos en su visita al Heliodoro Rodríguez López tras empatar a un gol con el CD Tenerife. Un punto que puede saber a poco en cuanto a aspiraciones, pero que puede resultar positivo en lo que a puras sensaciones se refiere.

Y es que el Real Zaragoza dejó impresiones encontradas en el encuentro de ayer. Lo mejor vino al principio, con un gran primer cuarto de hora donde el Real Zaragoza dio síntomas y dejó muestras de aquel equipo que iba antes de la pandemia como un crucero en alta mar hacia su destino, el ascenso directo. Se puso rápido por delante con un gol de pícaro de Luis Suárez, el cual disparó con toda la intención del mundo a la zona donde les duele a los porteros, abajo y al primer palo, y en esas acciones donde lo más lógico parecía poner un centro tenso. El colombiano tiene estas cosas. Pero es que la cosa no quedó ahí. A diferencia del día del Rayo, el gol a favor no hizo retroceder a los de Víctor y a los pocos minutos se recuerdan hasta tres ocasiones del Zaragoza: dos remates de Puado que se marcharon muy cerca de ambos palos y un chut lejano de Carlos Nieto.

Pero el Zaragoza iba a tirar de nuevo todo por la borda -siguiendo con el símil del crucero en alta mar- con otro error propio. Una internada de Álex Muñoz, sí, el central Álex Muñoz, que no fue taponada por ninguno de los centrocampistas ni pivotes zaragocistas, acabó con el jugador torpemente tropezado por la pezuña del Pichu Atienza en una acción muy evitable, sobre todo dentro de la zona de castigo, el área. El penalti es leve, pero el contacto existe y el arbitró no lo dudó ni un segundo. Aquí se pueden discutir varias cosas, la primera de ellas la decisión arbitral, pero es un terreno pantanoso donde de poco sirve lamentarse porque no hay nada que hacer, ni está en la mano de ningún miembro próximo al Real Zaragoza. Pero lo que sí está al alcance de corrección son, primero la mala acción defensiva de Atienza, donde se precipita al intentar la intercepción en lugar de posicionarse lateralmente y evitar la progresión de Muñoz, y, segundo, la falta de intensidad de la zona ancha del Real Zaragoza, además ayer más poblada que nunca con hasta tres jugadores con recorrido defensivo como Zapater, Eguaras y Guti.

A partir del gol, el partido se igualó mucho. Y en esa igualdad apareció el ritmo bajo y plomizo del encuentro, quizás influenciado también por el cansancio en las piernas de los 22 futbolistas sobre el verde. Un agotamiento que, por cierto, afloró con mucha más presencia en los de Víctor. La segunda parte tendría poca historia, ya que el Zaragoza intentaba presionar tímidamente la salida de cinco del Tenerife sin acierto. Los locales por su parte también se mostraban muy erráticos en sus acciones ofensivas. Tan solo a destacar una buen remate al segundo palo de Joselu, delantero chicharrero, que atajó con firmeza y seguridad Cristian Álvarez en los minutos finales. Una acción que bien podría haber cambiado el título de este artículo porque estaríamos hablando seguramente del final del sueño del ascenso directo del Real Zaragoza si esa acción hubiera derivado en gol local

De esta manera, y tras la meritoria victoria de la SD Huesca frente al mejor visitante de la categoría, el Alcorcón, los altoaragonéses aventajan ahora con dos puntos sobre el Real Zaragoza además de tenerle también ganado el golaveraje. Algo que hace que la SD Huesca se pueda permitir todavía un tropiezo en forma de empate en cualquiera de los tres partidos que le quedan -visitan al Racing, recibe al Numancia y finaliza el curso en Gijón-.  El Zaragoza también suaviza ahora su calendario en lo que a la propia entidad del rival se refiere. Porque, si hablamos de equipos con cosas en juego y necesidad de puntos, el Zaragoza se enfrenta en los próximos días a dos equipos con la vida sobre el campo, como lo son el Oviedo y el Albacete, ambos coqueteando con las posiciones de descenso. Por último, los maños cerrarán el curso en casa frente a una Ponferradina que es probable que llegue con pocas cosas en juego.

Sin embargo, ayer, nada más acabar el encuentro, Víctor Fernández ya se encargó de dejar bien claro que el Zaragoza no se rinde y que, como no podía ser de otra manera, van a estar peleando por la gloria hasta el final. “Tenemos que llegar a la última jornada vivos y exigiendo a todos y, para ellos, evidentemente, tenemos que ganar los tres partidos que nos quedan”, aseguraba el técnico zaragozano.

10 de julio, 2020|Deportes|